Hermana menor


sustantivo compuesto


La hermana menor es aquella que, inevitablemente, llega tarde a la fiesta. Es el equivalente a ese invitado que se distrae con el final de una serie, que se zarpa en probarse ropa, o bien, que planea una entrada gloriosa para que las miradas se centren en su llegada. Y sabemos que no siempre está bueno llegar tarde: así como en una fiesta ya se terminaron los calentitos, en la vida las cosas ya están repartidas y, muchas veces, nos queda lo que queda.
La hermana menor llega y la vida le da papá, mamá (véase: padres) y eso (véase: hermana/o mayor).
Papá y mamá ya no son los mismos. No. Papá y mamá, en el mejor de los casos, ya están cancheros y uno pasa a ser tan maleable como un Nenuco. Pero, en el peor de los casos, están cansados, y uno se convierte en una extensión articulable de la hermana/o mayor. Así es como las mamaderas ya no se esterilizan, los golpes no se cuentan y las fotos (oh, horror) se cuentan con los dedos de una mano. La hermana menor tendrá un porcentaje de fotos exageradamente ínfimo, de las cuales un porcentaje de 0,0X serán fotos individuales. Uno tiene que ser excesivamente más precioso que el mayor para lograr invertir este dato. Y ni siquiera así.
Ese eso, por su parte, puede presentar distintas formas, pero siempre va a ser eso: una protopersona que va a intentar ejercer sobre uno toda la autoridad que el mundo ejerce sobre él a diario. La hermana menor, al igual que la hermana mayor, se convierte en un conejillo de indias de los atroces planes que el mayor tiene para con uno. Así, uno puede disfrazarse de princesa cuando es claramente varoncito, bailotear al ritmo de Loco Mía o bien jugar a esconderse detrás de un sillón y convertirse en Battle Cat, el inseparable amigo (y medio de transporte) de He-Man.
La hermana menor va a ser la adoptada y va a oír excusas del estilo: “Quereme, yo te elegí de la canasta en la que estabas.”, “Eras la más linda de todas, te lo juro.”, “Tu mamá verdadera se llama Fidel.”
La hermana menor va a ser la que se inmole por la causa, la que venda el alma al diablo para demostrarle a los padres que sí hay algo mejor que el primero.
Pero, pese a todo, la hermana menor es la primera que entienda qué es el amor incondicional hacia alguien. Ser Battle Cat va a ser un honor para toda la vida. Sin importar lo que pase.

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